Un año y medio después de llegar a la Casa Blanca, Joe Biden impulsa el cambio de rumbo en las relaciones con Cuba que había prometido en campaña electoral. Las medidas que incluye el reciente comunicado del Departamento de Estado no tienen fecha todavía, pero revierten algunas de las 240 sanciones adoptadas por Donald Trump en ámbitos que abarcan tanto las relaciones personales como las económicas. Estados Unidos se propone expedir 20.000 visados de inmigrante al año, propiciará el reencuentro por canales regulares de familias separadas y permitirá que los viajeros estadounidenses “autorizados” establezcan contactos con la isla. El anuncio incluye también el fomento del sector privado cubano y el apoyo a los servicios de internet, aplicaciones y plataformas de comercio electrónico de Estados Unidos, además de levantar el máximo de 1.000 dólares (unos 970 euros) por trimestre en remesas familiares y apoyar las donaciones a los empresarios cubanos.
El hecho de que el anuncio haya sido criticado por el núcleo duro del exilio cubano de Miami, pero también por algún relevante senador demócrata, expresa la complejidad que sigue rodeando las relaciones entre ambos países. Pero es innegable que las medidas beneficiarán a miles de familias cubanas separadas por el estrecho de Florida. El objetivo es contrarrestar el daño causado por Trump durante su presidencia, tras la reanudación de las relaciones que impulsó Obama en 2015 al final de su mandato, algunos de cuyos asesores en esta materia lo son también de Joe Biden.
El anuncio del Departamento de Estado llega cuando Cuba vive una nueva ola del éxodo que ha ido despoblando la isla en los últimos meses ante el deterioro galopante de las condiciones de vida. Jóvenes y familias enteras han puesto rumbo a Estados Unidos. Muchos de ellos aprovechan la complicidad de Nicaragua, tras haber suspendido el requisito de visado a los cubanos y ofrecerles así una primera parada en la América continental para llegar al país norteamericano por tierra. Es un peligroso camino en el que se topan con mafias y funcionarios corruptos que los maltratan y extorsionan económicamente. Entre octubre de 2021 y abril de 2022, cerca de 115.000 cubanos entraron a territorio estadounidense ilegalmente desde México. En solo seis meses, las autoridades fronterizas detuvieron al triple de migrantes de esa nacionalidad. Otros salen en dirección a países diferentes y aun otros lo siguen haciendo por mar con la esperanza de llegar a Estados Unidos (cerca de 1.000 balseros fueron interceptados en los últimos cuatro meses).
A diferencia de éxodos anteriores, en esta ocasión no ha habido un mensaje explícito de que la frontera se abría. Lo que sí tiene en común con olas anteriores es que está sirviendo para deshacerse de los cubanos más críticos con el régimen. Los que se van ahora son principalmente los jóvenes que han crecido con acceso a internet y se atrevieron a salir a las calles. Las históricas protestas del 11 de julio exigían cambios a sus gobernantes y fueron reprimidas y sancionadas con durísimas penas de cárcel. El nuevo clima que propicia el anuncio del Departamento de Estado puede facilitar también que esa migración encuentre una regulación que evite los costes personales y materiales de hoy y deje de considerarlos como moneda de cambio negociadora.
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